| Autopista hacia el cielo |
|
|
|
| Escrito por José Luis Arranz Ramos |
| Miércoles, 03 de Febrero de 2010 19:14 |
|
Lo leí hace unos días en la visera frontal de una furgoneta de reparto. Y me causó tan agradable impacto la leyenda que me ha obligado a meditar en mis tardes tranquilas acerca de su significado y de cómo conseguir llegar a ella tras recorrer caminos más o menos tortuosos pero siempre difíciles y hasta desagradables a veces. "Jesucristo, autopista hacia el cielo”, leí. Allá donde he buscado tantas veces la forma más rápida de llegar al camino recto que me lleve a mi destino final… sin conseguir quizá encontrarlo. Allá donde he querido estar desde siempre, pisando el acelerador de mi vida sin pasarme en exceso pero sin estorbar tampoco por mi lentitud a los que seguían mi mismo camino de fe y de esperanza… Justo allí donde mis posibles dudas me hacían a veces aminorar la marcha y acercarme al arcén de mi propia alma hasta frenar por completo la carrera y buscar en mi interior antes de seguir el viaje… Justo allí y en el momento justo, la frase que leí y en la que medito me llena de esperanza, de confianza y de seguridad en mí mismo y, sobre todo y ante todo, en mi FE. Porque me dice claramente que para llegar al cielo sí que existe una autopista enormemente recta y ancha y se llama Jesucristo; la frase del propio Cristo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, cobra para mí nuevos matices. Hay muchos falsos caminos en la vida, muchos vericuetos, muchas falsas áreas de descanso y muchas carreteras secundarias, pero ninguna de ellas me lleva –nos lleva— a alcanzar la autopista que buscamos. Todas nos dejan en la cuneta, con un mal sabor de boca y con mucho dolor de corazón. Pero si sabemos encontrar entre las muchas señales que jalonan el camino de nuestra vida aquella que nos señala la dirección exacta que nos lleva hasta Jesús; y si además sabemos entender su mensaje de amor y después nos dejamos tirar del caballo, a imitación de Saulo, y entregarnos completamente a El y decirle simplemente “Señor, ¿Qué quieres que haga?”. Si aprendemos a leer y comprender su mensaje, que no es otro que el del Amor compartido “amaos los unos a los otros como Yo os he amado. En esto conocerán todos que sois mis discípulos”. Y si somos capaces de abrir de par en par nuestro corazón hasta llegar a decir con Teresa de Jesús aquello tan hermoso de “…es Cristo quien vive en mí”. Si ponemos en El nuestra mirada y no la desviamos de sus enseñanzas por mucho que falsos profetas intenten llevarnos a su terreno, resbaladizo e inútil. Y si nos atrevemos de una vez por todas a alzar nuestra voz para que sea oída desde todos los ángulos, “no se oculta la lámpara debajo del celemín, sino que se pone en lo más alto del candelero para que su luz invada toda la casa”, es que, sin duda, hemos encontrado de una vez y para siempre a Jesucristo. Es decir, hemos encontrado de una vez y para siempre nuestra “autopista hacia el cielo”. Y “quien tenga oídos para entender…” |






