| Madre de Dios y Madre Nuestra. |
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| Escrito por José Luis Arranz Ramos |
| Martes, 31 de Agosto de 2010 15:30 |
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En noviembre de 1950, el Papa Pío XII declaraba oficialmente en San Pedro el Dogma de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al cielo. Era, sin duda, el colofón necesario de algo que el pueblo cristiano tenía como cierto desde los primeros años de nuestra fe. De ahí que en el momento de la decisión y anuncio oficiales, desde los cuatro continentes se levantaran millones de voces que al unísono festejaban la proclamación de que María era "asunta" al cielo, una vez finalizado su ciclo de vida terrenal. Es por ello que la Iglesia y los creyentes con ella, consideramos esa festividad como una de las más importantes del calendario cristiano. Y, sin embargo, el bellísimo nombre de la festividad se queda oscurecido, incluso desconocido para muchos, con el raro sobrenombre de la fiesta de "la Virgen de agosto". Y ahí se queda todo. Una gran fiesta cristiana que se celebra en todo el mundo, incluso pasando la fiesta al primer día laboral si ésta cae en domingo, como ha sucedido en este 2010, pero que muy pocos, incluso de los más "allegados" a las tradiciones cristianas, reconocen saber su significado. "La Virgen de Agosto" encierra, por lo visto, todo lo que necesitamos saber, pero se olvida que ese día escondido en el dichoso sobrenombre, oculta una de las más hermosas tradiciones católicas que, además, es dogma de fe desde 1950. Nada menos que la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma. O lo que es lo mismo, según yo lo entiendo, el cumplimiento de la promesa de Dios de que al final de los tiempos se volverán a unir los cuerpos y las almas de todos los seres humanos, para levantarse en cuerpos gloriosos como el suyo. Sólo que la Madre de Dios no podía esperar al final de los tiempos, porque siendo Madre de Dios y Madre nuestra, era natural que desde el principio estuviese cerca del Hijo amado, rogando por los hijos que quedamos en la tierra. Según la tradición, María no murió realmente; se quedó dormida y unos ángeles vinieron a por ella y la elevaron (Asunción) hasta el cielo, donde está en cuerpo y alma. Conviene recordar que esta tradición hace que en Tierra Santa se levante una bellísima iglesia que regentan los sacerdotes ortodoxos y que se llama Basílica de la Dormición. Esta iglesia se levanta en el sitio en que se supone que la Virgen se quedó dormida hasta su asunción al cielo llevada por los ángeles. Y en el sitio justo en que se supone que estuvo su cuerpo, existe una imagen recostada de María, que parece esperar totalmente relajada la llegada de quienes habían de elevarla al cielo. El nombre de Basílica de la Dormición (que significa "donde se quedó dormida") es mucho más expresivo que cualquiera de las explicaciones que podamos dar a nuestra festividad de "la Virgen de agosto". Permítanme pues, que aunque sea sólo a título personal, reivindique desde esta columna que se actualice el nombre real de la festividad: La Asunción de la Virgen María. Y dejemos de una vez y para siempre los nombres "veraniegos" para cosas más prosaicas. ¿Cuál es más milagrosa? Este es otro tema igualmente difícil de entender. Desde lo más hondo de nuestro corazón defendemos a nuestra Madre del cielo y le damos mil y un nombres, y todos con un significado especial para nosotros. Y todos bellísimos. No hay más que acudir a la Letanía que se reza tras el Santo Rosario, para entender el montón de "piropos" con que adornamos nuestro amor por Ella. Pero además, en cada localidad, por pequeña que sea, en cualquier rincón del mundo, hay una imagen de la Virgen con un nombre expresivo que es significativo de la grandeza de María. Y sin embargo, volvemos a lo mismo, existen diversidad de opiniones en torno a estos nombres. Y pueblos enteros hay que defienden a capa y espada si preciso fuera eso de que "mi Virgen de .....es más milagrosa que la tuya", "donde se pone mi Virgen del ......no se pone ninguna otra" o "yo no le rezo más que a mi Virgen de....", por poner tan sólo tres ejemplos de los muchos que se escuchan a diario. Duele, en serio lo digo, esa escasa religiosidad de quien así se expresa; o, si lo prefieren, esa supina ignorancia con que demostramos a veces nuestro sentir. La Virgen María tiene tantos nombres plenos de amor como imágenes suyas existen en el mundo, pero no hay que olvidar que por muchos nombres que tenga, la Virgen María es una sola, como uno solo es su hijo Jesús, por muchos nombres que también le pongamos. Y que es Cristo, por mediación de su divina Madre si a través de ella se le pide, quien realiza en nosotros la gracia de la dádiva solicitada. Se llame Carmen, Victoria, Remedios, Dolores, Monserrat, Pilar, etc., la Virgen es una sola, nuestra Madre y Madre de Dios, nuestra intercesora entre Dios y los hombres, nuestro faro y nuestra guía, nuestro consuelo y nuestro último refugio. Pero siempre, siempre, una sola y no conviene olvidar esto para no caer en el tremendo error de la diversificación de nuestro culto. Recemos a la advocación de María que recemos, pidamos lo que pidamos, siempre será a María, Virgen y Madre. Es decir, a esa María única que es Madre de Dios y Madre nuestra. |






