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Escrito por José Luis Arranz Salas   
Domingo, 25 de Abril de 2010 18:48

Corría el año 1991 cuando una tarde al saludar en su despacho a Antonio Alarcón, en aquel momento párroco de la ya desaparecida Parroquia Nuestra Señora de la Luz (desaparecida como tal, ya que la Parroquia María Madre de Dios es unión de esta y la de Boniare), me comenta que se encuentra preocupado porque una pareja de jóvenes ha venido a visitarlo preguntándoles por un grupo donde vivir su fe y poder optar al Sacramento de la Confirmación. Mi pregunta fue instantanea: ¿qué tiene de preocupación que unos jóvenes te hayan venido preguntando esto?

La respuesta no se hizo esperar. Su preocupación es que no disponía de catequista para el grupo de jóvenes que quería formar. Él sabía que yo, en ese momento catequista de niños, siempre había estado abierto a dar el salto a la catequesis con jóvenes. Así que su preocupación no tenía fundamento, era sólo una forma de preguntarme si estaría dispuesto a hacerme cargo del grupo que en ese instante sólo estaba en su cabeza y en el deseo de dos jóvenes que pasaron por su despacho.

En las misas se hizo convocatoria para este nuevo grupo, que por obra y gracia del Espíritu Santo, comenzó a  funcionar pocas semanas después. Curiosamente recuerdo a la perfección los minutos previos, cuando aún no había llegado nadie, poniendo sillas en círculo para la primera reunión. Digo curiosamente, porque de la reunión en si apenas recuerdo nada... más allá de a las personas y algunas notas que llevaba escrita en mi memoria. Allí estaban Esther, Eva, José Luis, José María, Loli, Mari, Miguel, Miguel Ángel, Noelia, Reme, Sonia y Susana.

Tras año y medio de reuniones, en junio de 1993 se confirmaron en la Parroquia San Ignacio de Loyola, en el sector del Parque Mediterraneo, también de Málaga. A partir de ahí, y hasta ayer, hay algunos a los que no había visto desde ese día de su Confirmación, otros seguimos en contacto un tiempo y después también se perdió el contacto, a otros no los veía desde el día de mi boda (y de eso ya hace unos años), otros nos veíamos casualmente en la calle y los menos, muy menos, seguíamos manteniendo contacto hasta la actualidad.

Me diréis... vaya historia infumable que nos ha tocado leer hoy. Tranquilo, ya voy concretando.

Desde que las redes sociales se han hecho famosas, hemos vuelto a encontrarnos a golpe de ratón a través de Facebook. En un momento, Sonia sugirió... "podíamos quedar un día que hace años que no nos vemos". Yo viejo ya en esta plaza del "a ver si quedamos" dije un exceptico "vale". Lo bueno, es que el excepticismo no se puede expresar por escrito con un simple "vale", así que sonaría mucho más interesado de lo que en un principio reconozco que fue. Y no, no era por las ganas de no quedar, es que normalmente se propone y  no se queda.

Ayer la excepción confirmó la regla. La mitad, dos invitadas y un servidor conseguimos hacer realidad el "a ver si nos vemos" de Sonia y pasamos una tarde muy agradable en Esencia. Yo aún no me lo creo, pero sí, fue verdad. 10, 12, 15 y hasta 17 años sin vernos y parecía que no hacía ni meses. Eso de que la gente con la edad cambia, en nuestro caso no se cumplió.

Gracias compañeros, por hacer el esfuerzo de estar allí... de no viajar a Granada junto a tu marido, por dejar a tu niña mayor y a tu marido sólos en casa, por dejar a tu niño y a tu marido en casa, por dejar a tu marido con los dos niños en casa (¡eres grande Paco!), por dejar a tu mujer en casa, o simplemente por venir (¿verdad José Luis?).

Bendita ignorancia la mía que pensaba en que nunca saldría el reencuentro... y benditos vosotros, que seguis siendo tan de "puta madre" como os recordaba.

 

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